Agua, saneamiento y autonomía

El saneamiento, la deuda pendiente

que aún enferma a miles de familias dominicanas

La falta de saneamiento expuso durante años a cientos de familias de Montecristi a enfermedades, inseguridad y exclusión. Para muchas mujeres, construir un baño dentro de su vivienda también significó acceder por primera vez a un crédito formal y descubrir una herramienta para transformar su hogar.

A las dos de la madrugada, Adriana Guzmán de Estrada salía al patio con la luz del celular en una mano. El baño quedaba fuera de la casa y, cuando alguno de los 10 integrantes de la familia necesitaba usarlo durante la noche, debía cruzar la oscuridad hasta llegar a un sanitario improvisado.

Lo que para muchas personas era un acto cotidiano, para su familia representaba una dificultad que habían terminado por asumir como parte de la vida. Su caso ilustró una forma de pobreza que rara vez aparece en los indicadores económicos: aquella que obliga a vivir sin condiciones mínimas de saneamiento.

En República Dominicana, esa realidad todavía persiste en numerosos hogares. Hay familias que todavía utilizan letrinas; otras improvisan baños con tablas y láminas de zinc, mientras algunas dependen de pozos sépticos construidos años atrás, sin las condiciones necesarias para garantizar un saneamiento seguro.

De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el 91 % de los hogares en República Dominicana dispone de inodoro como servicio sanitario, mientras que el 6.7 % utiliza letrinas y el 2.4 % cuenta con otro tipo de instalación o carece de algún sistema sanitario.

La disponibilidad de estos servicios, sin embargo, presenta diferencias marcadas según la zona de residencia. En las áreas urbanas, el inodoro está presente en el 95.4 % de los hogares, frente al 2.9 % que utiliza letrina y el 1.7 % que tiene otro tipo de instalación o ninguna. En las zonas rurales, aunque el inodoro también es la opción predominante, su cobertura baja al 79.1 %, mientras que las letrinas alcanzan el 16.7 % y otras condiciones sanitarias representan el 4.2 %.

Las brechas también se reflejan por región. En el Cibao Noroeste, el 73.8 % de los hogares cuenta con inodoro, mientras que el 24.7 % utiliza letrina y el 1.6 % tiene otro tipo de instalación o no dispone de servicio sanitario.

Esta región registra la segunda mayor proporción de hogares con letrinas del país, solo por detrás de Enriquillo, donde representan el 27.1 %. Le siguen El Valle, con 16.7 %, e Higuamo, con 11.4 %.

En cuanto a la calidad del saneamiento, el 95.8 % de los hogares dominicanos cuenta con instalaciones consideradas mejoradas, mientras que el 4.2 % utiliza instalaciones no mejoradas.

La diferencia es más evidente al analizar los hogares por nivel económico: entre los del quintil más pobre, el 86.9 % tiene saneamiento mejorado y el 13.1 % no mejorado; mientras que, en el quintil de mayores ingresos, las instalaciones mejoradas alcanzan el 98.9 % y las no mejoradas apenas el 1.1 %.

De acuerdo con la médico, Franniris Campos, para muchas de ellas significó dejar atrás décadas dependiendo de pozos sépticos o letrinas, una transformación que redujo riesgos sanitarios y mejoró las condiciones de salubridad de las comunidades.

La falta de servicios adecuados de saneamiento representa un riesgo para la salud pública según Campos, al favorecer la proliferación de moscas asociados a la transmisión de enfermedades.

Además, más de la mitad de las 20 principales causas de consulta externa en el país corresponden a enfermedades de origen hídrico, conforme la Cooperación Española. Los padecimientos gastrointestinales figuran como el 1.8 % de las hospitalizaciones registradas en el Servicio Nacional de Salud (SNS) durante enero-junio de este año. O sea, 4,123.

La galena agregó que el deterioro de las condiciones sanitarias también incrementa la incidencia de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, la chikungunya y el zika, cuya propagación está relacionada con factores ambientales y la acumulación de criaderos de mosquitos, situaciones que aumentan el gasto familiar en consultas y tratamientos médicos.

Agua, saneamiento y autonomía: el cambio que llegó a hogares de Montecristi

En Montecristi adquirieron nombres. Cuando Adriana conoció el programa “Una solución limpia a un problema sucio”, implementado por Hábitat para la Humanidad República Dominicana con el apoyo de BID Lab, que ofrece soluciones de saneamiento mediante subsidios y microcréditos, dudó. Nunca había solicitado un préstamo y temía no poder cumplir con los pagos.

Con el financiamiento de Banfondesa construyó un baño dentro de su vivienda y conectó la casa al sistema de agua potable y al alcantarillado de Montecristi a través del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa).

Las mujeres encabezaron la lista de beneficiarios del BID Lab y Hábitat, proyecto que contó con un presupuesto total de US$ 600,000 a través de dos operaciones de Cooperación Técnica No Reembolsable (US$ 250,000) y donaciones otorgadas (US$ 350,000), por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Cerca del 80 % de quienes recibieron las soluciones de saneamiento fueron madres solteras con hijos. Después se priorizó a los adultos mayores y, posteriormente, a otros hogares en condición de vulnerabilidad.

La falta de acceso al agua y al saneamiento tiene un impacto directo en la seguridad, la autonomía y el uso del tiempo de mujeres y niñas en todo el mundo. De acuerdo con ONU Mujeres, una de cada cuatro mujeres y niñas no cuenta con acceso a agua potable gestionada de forma segura, mientras que dos de cada cinco carecen de servicios de saneamiento adecuados.

Esta situación incrementa las cargas de cuidado, limita sus oportunidades y las expone a mayores riesgos.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 6, dedicado al agua limpia y el saneamiento, establece como una de sus metas que los países logren garantizar el acceso universal a servicios de saneamiento e higiene adecuados, seguros y equitativos para el 2030.

  • Poner fin a la defecación al aire libre.
  • Garantizar atención especial a las necesidades de mujeres y niñas.
  • Priorizar a las personas en condiciones de vulnerabilidad, quienes enfrentan mayores riesgos cuando no cuentan con servicios sanitarios adecuados.

La deuda pendiente del saneamiento: familias rurales transforman sus hogares con microcréditos

Un informe del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa), elaborado junto a la Cooperación Española, identifica varias limitaciones que dificultan el avance del saneamiento en República Dominicana.

El documento señala que el país aún carece de un marco legal integral para la gestión del agua potable y el saneamiento, además de no contar con una entidad reguladora especializada. A esto se suma una marcada debilidad institucional en el sector.

En el ámbito financiero, el informe destaca que solo se factura alrededor del 5 % del suministro de agua, lo que limita la capacidad de inversión y sostenibilidad de los servicios.

Asimismo, indica que la inversión pública en el sector se mantiene en niveles mínimos, alrededor del 1.22 %, y que gran parte de los recursos se concentran en las zonas urbanas y en la provisión de agua potable. Del total invertido, apenas el 6 % se destina a obras de saneamiento.

  • Solo el 25 % de la población urbana cuenta con acceso a sistemas de alcantarillado.
  • La mayoría de estos sistemas son obsoletos: tienen tuberías antiguas, diámetros reducidos y presentan obstrucciones por acumulación de basura y escombros.
  • El 69 % de los inodoros en Santo Domingo descargan directamente al subsuelo.

Cada solución requirió una inversión cercana a los RD$ 134,000 e incluyó lavamanos, ducha, revestimientos cerámicos, techo y, en la mayoría de los casos, un tinaco para almacenar agua, una necesidad en una provincia donde el servicio no siempre llegaba de manera continua.

“Detrás de cada obra también hubo decisiones difíciles. La demanda superó desde el principio la capacidad del programa”, explicó a Acento la encargada de construcción, Leidy Almonte.

Una vez aprobada la ayuda, el proceso avanzó con rapidez. La construcción de un baño tomó hasta un mes y medio, mientras que los desembolsos para quienes accedieron a financiamiento solían completarse en dos semanas. El objetivo, de acuerdo con Almonte, era evitar que las familias esperaran durante meses una solución que era urgente.

La selección también contempló criterios técnicos y financieros. Los solicitantes debieron demostrar que eran propietarios del terreno donde se construiría el baño, contar con una actividad económica estable, ya fuera un empleo o un emprendimiento, y presentar un garante que respaldara el crédito cuando esa era la modalidad elegida.

Adalgisa Ciprián Guerrero, oficial de crédito del proyecto, recordó que muchas personas nunca habían tenido contacto con una entidad financiera. Para ellas, aquel microcrédito representó mucho más que una forma de construir un baño. Fue la primera vez que alguien confió en su capacidad para asumir un compromiso económico.

A través de la alianza entre Hábitat para la Humanidad República Dominicana y Banfondesa, las familias obtuvieron financiamiento para mejorar sus viviendas. Para Andrés Ferreira, encargado de la sucursal de Banfondesa en Villa Vásquez, el objetivo nunca consistió únicamente en prestar dinero.

La apuesta fue demostrar que familias con pequeños negocios, empleos informales o ingresos modestos también podían cumplir sus compromisos financieros y convertirse en sujetos de crédito.

 

Nota original: acento.com.do

 

Sobre Hábitat para la Humanidad República Dominicana

Hábitat para la Humanidad es una organización global sin fines de lucro que trabaja para que cada persona tenga un lugar digno donde vivir. En República Dominicana, la organización ha mejorado las condiciones de vida de más de 57,000 familias mediante intervenciones estructurales, ampliaciones de viviendas y mejoras en la distribución interna para combatir el hacinamiento. A través del empoderamiento habitacional y la promoción de la seguridad de la tenencia, Hábitat busca transformar comunidades y generar un impacto positivo y duradero en la salud y el bienestar de las familias dominicanas.

 

 

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